Revocar y expulsar es violencia

EQUO, Podemos e IU han recogido de una forma u otra en sus estatutos la capacidad de revocación de los cargos electos. En la teoría es algo bueno y democrático. Lo que no tengo claro es que la práctica sea tan buena o tan fácil.

El primer problema es el número de personas afiliadas que son necesarias para solicitar el revocatorio. Muchas personas están afiliadas a los partidos o figuran en sus listas como simpatizantes, pero son durmientes. No participan en nada de la vida del partido. Creo que todo el mundo lo hace con alguna organización. Por ejemplo yo soy socio de Amnistía Internacional hace ya más de 25 años y nunca fui a ninguna asamblea, leo el material, escribo cartas, pago mi cuota pero no participo en la vida interna. De la misma forma muchas personas hacen lo mismo con los partidos políticos. Si hablamos de simpatizantes, la cosa ya es peor porque se apuntaron hace tiempo y a lo mejor no se borraron simplemente por pereza.

El hecho es que siguen estando en el censo y eso dificulta que una persona de a pie consiga las firmas necesarias para el revocatorio. Además conseguir esas firmas supone un gran enfrentamiento y un importante desgaste personal. Salvo  que quien pida las firmas para el revocatorio sea un grupo organizado y entonces vamos a un problema mayor porque supone dividir los partidos en facciones. Algo que debemos impedir a toda costa.

Los grupos organizados tienen otro problema, las expulsiones. Si hay un conflicto enquistado y un grupo se organiza para luchar contra lo que considera una injusticia, surgen las voces que critican el daño que hacen al partido y se les expulsa. Acaba de pasar en EQUO Valencia y también hay amenaza de ello en Podemos Asturias.

Eso hace que cuando alguien, como es mi caso, se plantea pedir la revocación de un compañero, te enfrentas a unas dificultades prácticamente insalvables.

Y encima es muy violento. Conseguir firmas para el revocatorio supone un enfrentamiento y fraccionamiento del colectivo muy importante.

Podemos ver como en Venezuela el grado de crispación social y política es muy elevado. Es evidente que esa crispación tiene muchas causas y factores que ayudan a que existan, desde los recursos petrolíferos, la falta de cultura democrática o el presunto descubrimiento de yacimientos de coltán que provoca injerencias extranjeras. Ahora bien, ¿podemos decir que la existencia de uan herramienta democrática como el revocatorio en su constitución ayudó a mejorar la vida del país o aumentar la calidad democrática?. Lo dudo.

teatro romano de Clunia (Burgos). Fotografía del autor
teatro romano de Clunia (Burgos). Fotografía del autor

El problema es que los instrumentos democráticos necesitan cultura democrática detrás. Cultura democrática que en Venezuela no existe y en nuestro país tampoco nos sobra.

Revocar y expulsar son verbos violentos que deben utilizarse exclusivamente cuando estamos en situaciones extremas, lo que tenemos que hacer es no llegar a esas situaciones de tensión y enfrentamiento en los colectivos y en las sociedades. No podemos judicializarlo todo. Debemos intentar buscar soluciones políticas a los problemas. Para eso es la política. Debemos además tener instrumentos con autoridad moral para mediar en los conflictos. Y solo en casos extremos recurrir a la revocación o a la expulsión.

En el caso que me he visto envuelto recientemente por denunciar a un compañero por una conducta inapropiada, creo que hemos fallado claramente como colectivo. No funcionó el primer nivel. Es decir, nadie (y me incluyo en ese nadie) intentó enfrentar el problema desde una perspectiva política. Si hay una persona que vulnera las normas y que causa daño al colectivo debe poner su cargo a disposición. Y el resto debemos aceptar la búsqueda de una salida airosa y digna que puede ser perfectamente temporal. No se trata de linchar a una persona, sino de aprender a trabajar en equipo respetando las normas que nos damos. Tenemos que aprender como colectivo qué cosas se pueden hacer y qué cosas no se pueden hacer y cómo gestionar esos casos. Y debemos aprender juntos, nadie está libre de equivocarse.

Llegada de la marcha minera a Madrid en 2012. fuente Periodismo humano.
Llegada de la marcha minera a Madrid en 2012. fuente Periodismo humano.

Sin embargo si el implicado decide que “sostenelo y no enmedallo” y que quien le recriminamos lo que pasa somos malas personas que queremos hundir el proyecto, ¿qué hacemos?. No hay diálogo posible. Si una parte del colectivo considera que un comportamiento es erróneo, como mínimo deberías escuchar a quien te lo dice, preguntar el por qué. Valorar su criterio ético. Si no vamos a la confrontación. Y entonces nos alineamos, este es mi amigo y yo estoy a su favor. Este es mi enemigo y yo estoy en contra.

Esa situación es la perversión de la razón política y corrompe todas las instituciones de garantía y control que nos queramos dar. Si perdemos toda objetividad y tenemos como único fin defender a quien forma parte de nuestra facción, de poco sirven los argumentos y los hechos. De la misma forma, quienes buscamos vencer el inmovilismo nos vemos obligados a entrar en la misma dialéctica de confrontación y pervertimos nuestra razón inicial.

Y aquí entran los verbos revocar y expulsar. Después de llevarlo todo a ese terreno, solo queda dedicarse todo el mundo a ejercer la violencia contra el otro. Desde quien ostenta el poder buscar la expulsión de las personas disidentes. Desde quien estamos en contra de la exhibición de poder, organizándonos para forzar el revocatorio.

¡Cuánta energía malgastada!. ¡Cuánto daño irreversible hecho a la convivencia del colectivo!. Espero que las personas que tienen en su mano reconducir esta y otras situaciones lo hagan.

FotoPepin

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4 thoughts on “Revocar y expulsar es violencia


  1. Creo que esto «Y entonces nos alineamos, este es mi amigo y yo estoy a su favor. Este es mi enemigo y yo estoy en contra.» es el gran error de mucha gente. Deja de «ser amigo» de alguien porque una cosa no le gusta, por importante que sea. Yo creo que hay que diferenciar los enfrentamientos y discusiones por cuestiones de forma y opinión de los enfrentamientos realmente personal.
    Como dices, falta cultura. Debatir es muy sano, pero pasar fácilmente al enfrentamiento es lo que nos pierde.


    1. Muchísimas gracias por leer y comentar
      No me expliqué bien o es que no estamos de acuerdo, no sé. Me explico. El problema no es perder las amistades, el problema es mantenerlas. Es decir, que los debates deriven en enfrentameintos personales no me preocupa y sucede en todos los órdenes de la vida. Si no hay un enconamiento más allá de lo razonable, el tiempo pone las cosas en su sitio y no pasa nada.
      El problema son las fidelidades a prueba de bomba. Los alineamientos. Verbigracia: Yo apoyo a Uralde, el señor García apoya a Uralde y Uralde a él, por tanto lo que haga el señor García está bien, sea lo que sea. Por contra, si alguien critica al señor García, entonces ese alguien es mi enemigo.
      Eso son las facciones o alineamientos. Cuando no se basan en cuestiones ideológicos sino en la adhesión ciega a un líder y sus cortesanos, entonces, el problema estalla en enfrentamientos. Quienes desde la periferia nos enfrentamos a esa maquinaria de poder quedamos retratados como conflictivos, como personas «rompehuevos». Exactamente lo mismo que dice el sistema con los grupos ecologistas.
      Quien en esa situación pide paz actúa como quien dice que no hay que denunciar la regasificadora, porque eso es malo para el empleo.
      Salud y Republica


      1. Hola Pepón .me gustan muchísimo tus cometarios me hacen pensar y reflexionar.
        No sabía la existencia de ésta pág .es fenomenal.
        Gracias

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