Tropezar en la misma piedra

LA PIEDRA “TERRITORIAL” EN EL ESTADO ESPAÑOL.

¿PORQUE EL ECOLOGISMO POLÍTICO TAMBIÉN TROPIEZA CON ELLA?

Supongo que al lector poco tengo que explicarle a estas alturas del debate que el problema surgido en Cataluña ha provocado en el conjunto del país. Quizá la cara más cruda (y también más ignorada) del conflicto catalán es que obliga a toda España a mirarse a un incomodo espejo en el que debe de preguntarse si de verdad es una nación única o es una “nación-Frankestein” compuesta de retazos territoriales unidos por gracia de complejos avatares históricos.

Duruelos de la Sierra, Soria, fotografía JMFP

Las respuestas a esta incómoda tesitura ya los estamos viendo con toda su crudeza: la derecha españolista se envuelve en una bandera que siente quizás mas liviana que nunca y no vacila en caer en un chovinismo guerracivilista que ya le ha comenzado a pasar factura. La derecha nacionalista catalana no ha vacilado en hacer exactamente lo mismo, hasta el punto de llegar a promover a president de la Generalitat a un supremacista xenófobo. Por su lado, las izquierdas como siempre sufren con el tema territorial: el PSOE esta vez ha apostado de forma decidida por posicionarse del lado del unionismo, si bien actuando en cierta forma como su conciencia crítica, una posición que le ha dado sus réditos políticos. En cambio, Podemos e Izquierda Unida han vuelto a verse rebasadas por los acontecimientos, en un noble pero vano intento de sustraerse de la agenda política y reorientarla hacia el discurso social donde ellos se sienten más cómodos.

¿Y que pasa con el ecologismo político? O traducido de otra forma, ¿Qué pasa con EQUO? ¿Qué posición ha tenido EQUO en todo este fragor de banderas un partido que siempre ha apostado por la superación de las fronteras y que incluso buscó transcender formulas internacionalistas, para entrar en un discurso que ronda lo libertario?

Pues tristemente, EQUO también se ha visto rebasada por los acontecimientos. Inicialmente apostó por promover activamente el “derecho a decidir”, algo tan simple como es que se pregunte al pueblo catalán por como quiere construir su futuro. Y con esta nota la dirección de EQUO decidió pasar la patata caliente del territorio, dejando por otro lado que sea Podemos quien bregue con semejante asunto.

Meterse en el debate territorial es meterse en un jardín Clic para tuitear

La verdad desde un punto de vista estratégico no puedo reprochar la acción. Meterse en un tema como Cataluña y en general con el debate territorial en España suele ser meterse en un jardín político, salvo que seas independentista o ultraderechista. Y de momento EQUO no es ninguna de los dos. Por ello tampoco se debería de hacer sangre acerca de este posicionamiento, que podría firmar más de un partido político aparte de EQUO.

Y realmente el artículo acabaría aquí si no fuera porque esta lectura estratégica de EQUO tiene otro sentido, que no es meramente la proyección política que aporta (o que quita) el forjar un posicionamiento sobre cuestiones territoriales en España, sino que tiene una lectura en clave interna y organizativa muy importante.

Cartel de Los Verdes cedido por el autor

EQUO, como antaño les ha pasado a Los Verdes, en realidad sufre de un auténtico pavor a la cuestión territorial, y es una piedra esta que resulta endémica para el ecologismo político español. El antiguo partido de Los Verdes nació primero como una formación unitaria que empezó a resquebrajarse por su centralismo hasta la gran crisis de 1995. Como consecuencia el partido huyó hacia adelante refundándose como una Confederación de partidos verdes, que apenas aguantó siete años, hasta que en 2003 una nueva crisis en Canarias y en 2004 otra más en varios territorios provoca que el partido entre en crisis, una crisis que se alargó por espacio de otros ocho años.

En 2011 buena parte de los partidos de la Confederación deciden superar ese modelo organizativo confederal que les había llevado a la irrelevancia política e impulsan el proyecto EQUO, junto a algunos dirigentes ecologistas históricos, caso de Juantxo López de Uralde, Alejandro Sánchez o Santiago Barajas. Pero en la primera hora, cuando la criatura apenas estaba recién alumbrada, nuevo tropezón en la piedra “territorial”: se permiten excepcionalidades organizativas en el País Valenciá y en Baleares. La formación de Mónica Oltra, Iniciativa del Poblé Valenciá (IPV) entra “sui generis” en EQUO, pero manteniendo su pata en Compromís, mientras que Els Verds Esquerra Ecologista queda en un segundo plano a la espera de su momento que llegaría unos años más tarde con la formación de VerdsEQUO. En Baleares, los antiguos Verds de Mallorca, recién fusionados con los ecosocialistas de Iniciativa d’Esquerres, forman un nuevo partido, IniciativaVerds, llamado a ser la representación balear de EQUO, pero que a junio de 2018 – siete años más tarde – se mantiene en una anomalía orgánica respecto de EQUO que está ocasionando no pocos dolores de cabeza en el funcionamiento interno del partido. Estas dos excepcionalidades organizativas, claramente fundamentadas en el ámbito territorial, no serían demasiado problemáticas si no fuera porque introdujeron una asimetría funcional entre afiliados de unos y otros territorios que, como cabía esperar, está empezando a estallar a cámara lenta, primero en la trastienda y ya sin ningún pudor a la luz pública.

La asimetría entre la afiliación del levante y el resto está provocando un estallido a cámara lenta Clic para tuitear

En sus primeros años, EQUO demostró con mediana eficacia un modelo de federalidad que, con sus imperfecciones, ha mantenido el equilibrio y la coherencia entre una aceptable descentralización de poder y una acción política unitaria, incluso soslayando las anomalías orgánicas del País Valenciá y Baleares respecto a los demás territorios. Sin embargo, y tal como ocurrió en 2003, a los cinco años de proyecto político, alguien se cruza en el camino: Podemos.

Surgido al calor de las protestas ciudadanas del 15-M, Podemos fue evolucionando desde un modelo puramente horizontal, casi libertario, a otro modelo descaradamente centralista y vertical, además de empezar a introducir “sotto voce” un discurso unionista tanto en lo que se refiera a su modelo de estado como a su funcionamiento orgánico. Cuando en 2015 surgen las llamadas “candidaturas del cambio” en las elecciones municipales, y sobre todo y de forma más acusada desde la asamblea de Vistalegre II y la coalición Unidos Podemos en 2016, ese modelo progresivamente vertical y centralista va pasando por contagio a sus socios. En el caso de Izquierda Unida no fue un choque en absoluto, puesto que el centralismo democrático esta en el ADN de la práctica organizativa del Partido Comunista de España, “alma mater” de IU. Pero en el caso de EQUO, el impacto fue mucho mayor y decididamente más traumático.

Podemos fue evolucionando desde un modelo puramente horizontal, casi libertario, a otro modelo descaradamente centralista y vertical. Clic para tuitear

Este modelo centralista y vertical choca entonces con una práctica organizativa que había tenido tiempo de echar raíces en el partido como es el federalismo y la horizontalidad democrática. Desde 2016 EQUO, o más particularmente su dirección, encabezada por Juantxo Uralde, ha entrado en una progresiva verticalización del partido que ha pasado forzosamente por una pérdida de autonomía de las federaciones territoriales (término este de “federación” que nunca ha sido usado con profusión por nadie dentro del partido, un ejemplo más de la alergia que en el fondo sigue dando entre el ecologismo político hablar de estas cosas).

Arena y piedra, playa de Asturias. fotografía Agustíín Orviz

Esta tensión en el modelo organizativo ha repercutido de forma muy seria en el funcionamiento de este partido, provocando que haya federaciones que tengan de forma prácticamente integra un enfrentamiento – soterrado en ocasiones y en otras no tanto – entre la dirección federal y estas. Nada que envidiar como vemos a los mejores tiempos de Ibarra en Extremadura o los mil y un follones de Izquierda Unida en el País Valenciá. Por supuesto hay muchas mas causas, entre otras una dirección federal entregada no solo al centralismo organizativo, sino a una práctica política basada en la unilateralidad y que ha introducido en el “hijo pequeño” del 15-M que era EQUO los peores vicios de la izquierda política española.

No obstante, y a modo de conclusión, vuelvo a insistir en esta idea: creo que se puede observar como de fondo el asunto territorial planea sobre el ecologismo político; como pese a haberse reinventando por tercera vez, está vez bajo el nombre de EQUO, no ha podido evitar el tropezar en la misma piedra, pero esta vez ya no solo en un plano discursivo, como sucede con el posicionamiento frente a la situación catalana, sino en su propio esquema organizativo y funcional. Hasta que punto este conflicto basado en el ámbito territorial podría haberse evitado y por parte de que instancias dentro del partido también resulta un asunto muy interesante sobre el que discurrir, pero como dijo aquel escritor alemán… “eso es otra historia y deberá contarse en otra ocasión”.

Luis de Miguel es madrileño, residente actualmente en Coslada (Madrid). Arqueólogo de formación, está vinculado a EQUO desde 2011 y participa en la candidatura de unidad Somos Coslada desde 2015. Luchando por un mundo más sostenible y justo desde la ecología política, el feminismo y la radicalidad democrática.

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