¿Qué hago aquí?

El título podría ser”¿Qué hace una chica como yo en un sitio como éste?” y el sitio es claro, la política.

Pajares, Asturias, fotografía de Eva del Fresno

A mí me gusta de la política que me dé resistencia frente a los problemas que me afectan día tras día.  No espero que las cosas cambien de repente y ya sé que no va a ser así, pero necesito sentir que respondo de alguna forma a las cosas que leo en prensa o veo a mi alrededor.  Mientras que pueda hacerlo con parte de mi tiempo el resto soy capaz de disfrutarlo con la gente a la que quiero. Aunque a veces se acumulen las malas noticias  yo trato como puedo de apartar entre  los cuatro días que me tocan  dos por lo menos para  ser feliz. Porque sé que ese tiempo lo aproveche o no pasará  rápidamente.

La política sirve para transformar la realidad a largo plazo pero transforma mi realidad desde el primer momento porque me hace ser libre. Aunque las circunstancias se mantengan puedo tener a raya la tristeza y la frustración sin que me desborden, y aún así las sigo sintiendo. No pretendo dejar de sentirlas.  La capacidad de sentir rabia o dolor frente a las injusticias,  de conmoverte y no volverte  insensible frente a lo que (te) pasa,  significa que no te ves impotente del todo. Cuando tienes esperanza en que las cosas cambien te sientes con fuerza  para mirarlas de frente,  al menos a ratos.  La política de las personas frente al sistema, la de las mujeres y la clase trabajadora, ésa que no pretende imponer los privilegios de un grupo sino defender derechos colectivos para proteger el bien común, es una forma de conservar la dignidad y la cordura. Nos permite tener presentes las cosas buenas de la vida. Y hacer las paces con el mundo.

La política transforma mi realidad y me hace ser libre Clic para tuitear

El porqué inmediato de la  política que se hace desde la conciencia social y la necesidad de transformación,  integra para mí todas estas cosas. Pero lo que más valoro de todo lo que implica es que me permita mantener la gratitud y confianza  en la gente. En parte porque yo también soy gente  y no creo que existan grandes diferencias entre las personas. Todos los valores que puede aportar un proyecto político a la vida de alguien,  por ejemplo a la mía,  no los aporta el partido porque el partido no existe más que sobre el papel. Si le llamo no me coge el teléfono el partido, me lo coge una persona. Si le pregunto no me responde el partido, lo hace otra persona (cuando puede).  Si quedamos para hablar no llega el partido, aparecen (a veces tarde)  compañeros y compañeras.

El partido no coge el teléfono, lo hacen las compañeras Clic para tuitear

A mí la libertad de la que hablo y los sentimientos a los que me refiero de  esperanza,  solidaridad, alegría,  dignidad, fuerza… no me los aporta la política ni el partido que son entes abstractos. Me los están dando todas esas compañeras y compañeros.  A veces pienso que si algún día arraigan y llegan a prosperar  nuestras reivindicaciones políticas con tanta fuerza como para cambiar el panorama social y económico,  ese mundo está ahora en la cabeza y en el corazón de las compañeras. Lo que significa cuando nos sentamos juntas que es lo más cerca que voy a estar de verlo.

¿Y ahora qué?

Río Nalón, Laviana, Asturias. Fotografía JMFP

Todo esto lo cuento porque las luchas internas tienen un precio aún mayor de lo evidente. No es sólo el malestar que generan o el debilitamiento del trabajo político, que pone en riesgo el futuro que queremos construir. Es también el coste emocional en cuanto a pérdida de esa esperanza y confianza en la gente que pueden hacernos sentir tan bien. No hacen falta grandes logros políticos ni grandes muestras de compañerismo para que la política cumpla esta función,  sólo con un espacio positivo  y apoyándonos en muy poco podemos ganar todas mucho y también nuestro entorno.

Las luchas internas tiene un coste emocional de pérdida de la esperanza Clic para tuitear

Me atrevería a decir que la gente que se va y no está afectada por los conflictos directamente es porque el espacio no cumple esas íntimas expectativas . Y son expectativas realistas: contribuir en algo para sentirse útil,  percibir que se valora su aportación,  y lo más importante:  rodearse de gente a la que respetar. Es esa gratitud  y admiración por las compañeras  lo que al final posibilita o dificulta todo lo demás.

Tenemos que empezar a pensar que lo que más queremos unas de otras es respetarnos por actuar con honor y limpieza,  o por rectificar si nos equivocamos.

Eva del Fresno

La autora, Eva del Fresno, ha participado ya en varios artículos y entrevistas de este blog:

Un artículo:

El cainismo de la izquierda

Una entrevista

Entre el feminismo y el conflicto

Una tertulia:

¿Existe la crítica constructiva?

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2 thoughts on “¿Qué hago aquí?


  1. Enhorabuena a Eva por estas reflexiones. Me han dado mucho que pensar un año después de abandonar mi militancia política y en un momento de crisis personal en la que siento que hay un destino inexorable que es inamovible y ante el cuál,haga lo que haga,nada cambiará. Mil gracias por tu aportación!!!


    1. Muchas gracias a ti por leer y comentar. Espero que vuelvas pronto compañera o cuando tú consideres para acogerte en la RQM, ánimo en esta etapa, un abrazo.

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