Orgullo ecologista: fuimos, somos, seremos (I)

Orgullo ecologista: Lo que fuimos, lo que somos y lo que seremos (o deberíamos ser) (I)

Cualquier organización que se precie – y entiendo que una organización se precia cuando tiene vocación de permanencia en el tiempo y está completamente focalizada en la consecución de sus objetivos fundacionales – acostumbra a impregnar su actividad cotidiana de tres ejercicios que considero esenciales: el aprendizaje, la mejora continua y la prospección.

Boyas. Autor Carlos Charro
Boyas. Autor Carlos Charro

En esta línea, debo confesar que, a escasos tres meses de la celebración de la III Asamblea Federal de Equo, el partido ecologista del estado español, como activista y militante verde durante más de quince años, considero que ha llegado la hora, ineludible, de arremangarse.

De arremangarse para meter las manos en la masa de nuestra propia experiencia, como materia prima de aprendizaje, en el análisis de las mejoras que sería necesario implantar, individual y colectivamente, en el movimiento ecologista y, en general, en la comunidad de la que formamos parte y, por último, en la excitante actividad de vislumbrar los escenarios que nos depara el futuro.

Olas en el Cantábrico, autor Carlos Charro
Olas en el Cantábrico, autor Carlos Charro

Sé que es una empresa que no puedo abordar individualmente, sería por mi parte de una prepotencia inconmensurable pero, sobre todo, de una ceguera emocional primitiva, pues es obvio que las ideologías son acervos colectivos, no pertenecen a nadie y se construyen y depuran, cuando es necesario, entre todas. Por ello, alineo estos artículos que me propongo escribir con la finalidad de esta buena iniciativa que es Verdes y Libertarias -cuyo título me emociona pues evoca las tres corrientes ideológicas en las que me inscribo y que sustentan mi propia vida, mi filosofía, mis ilusiones, mi motivación: la ecología, el movimiento libertario y el feminismo – al considerarlos mero abono, de lo que espero sea, una fértil tierra de debate asambleario.

Para empezar, lo que más me apetece es mirar atrás. ¿Para qué? Pues no para buscar errores, pues los errores no existen, sino para extraer un conocimiento, un background imprescindible que impulse nuestro objetivo, siempre claro, de orientar el proyecto ecologista hacia un espacio verde sólido, como una roca, fuerte, bella e imbatible, en medio de un agitado mar político, complejo y excesivamente líquido, permitidme el perogrullo.

Mirar atrás para avanzar, por supuesto, pero sobre todo mirar atrás para recordarnos a nosotras mismas lo que fuimos, lo que hicimos, lo que el ecologismo social y político ha representado para este país y poner en valor, o recuperar, pues será diferente para cada una de nosotras, el orgullo de ser ecologista, el orgullo de representar el proyecto político más realista de cuantos conforman el actual panorama político español.

Mirar atrás para avanzar Clic para tuitear

Pues la buena fe, la pasividad o la complicidad de quienes estábamos unida a la voracidad de algunas personas de las que vinieron y a la necesidad de confluir siempre en un escenario político que nos deja en minoría, nos tiene el ego hecho unos zorros y esta peleona que os escribe está dispuesta a enarbolar, con mucho orgullo, la bandera verde allí donde haga falta porque, además, en esta tarea, sé con certeza, que somos mayoría.

El ecologismo, una política realista.

Cabo Peñas, autora EF
Cabo Peñas, autora EF

Efectivamente, en un contexto de crisis sistémica, es obvio concluir que las políticas realistas son aquellas que ofrecer soluciones que pasan por una sustitución del modelo imperante que agoniza. Esto conlleva necesariamente una redefinición de los conceptos y los elementos tradicionales de análisis que lo sostienen tales como desarrollo, progreso, libertad, democracia, gobernanza, bienestar, economía, consumo, producción, PIB o cuidados. La ecología política, en su vertiente profunda y alineada con el movimiento altermundista, representa en la actualidad la única opción que ofrece un catálogo de medidas elaboradas y pragmáticas para salir de la crisis. Otra cosa es, que aquellos que se oponen con dureza a la revolución que esto supone y que tiemblan ante la posibilidad de la pérdida de sus privilegios, se vean obligados a llamar a las ecologistas utópicas para alejar así, de la conciencia de las personas, que otro mundo no sólo es posible sino que es inevitable y que eso es lo realista cuando lo que está en juego es la realidad (material) misma. Pensemos en los amigos del oligopolio eléctrico, por ejemplo, y en su resistencia feroz y, sencillamente, estúpida, injustificable e irreal, al tránsito a un nuevo modelo energético.

Los partidos con los que compartimos espacio político no han abandonado, en absoluto, los planteamientos productivistas y en esto marcamos importantes diferencias que nos benefician ante nuestro electorado pero que también nos generan evidentes conflictos con los que tenemos que aprender a convivir y gestionar. Precisamente, para no perder a nuestros votantes y, con ello, el “atractivo” de marca verde que tenemos para nuestros socios.

Los partidos con los que compartimos espacio no han abandonado el productivismo Clic para tuitear

Podemos, Izquierda Unida – o el Bloc o Iniciativa, en el País Valenciano, por ser el terreno que mejor conozco – son socios cuya ideología oscila desde la democracia cristiana, pasando por el gramscismo y la socialdemocracia hasta el independentismo. El propio coportavoz de Verds Equo, Julià Álvaro, en las primarias a las Elecciones Europeas de 2014 se definió como independentista en sus intervenciones ante un público de marcado corte nacionalista. Recordemos la significativa convergencia en algunas regiones del estado español del movimiento nacionalista con el ideario verde de protección y defensa de la naturaleza inmediata y de los valores propios. Sobre esto me gustaría compartir con vosotros un artículo que escribí hace ya un tiempo y que aborda esta relación.

Desenvolvimiento_economico_local

Sin embargo, y a pesar del evidente atractivo y efectividad del ecologismo, a pesar de que esta ideología, desde los años 70, lo viene impregnado todo, sociedad, instituciones, normativa, modas… incluso partidos de derechas – ¿algo que objetar al programa de Ciudadanos?-  los resultados electorales son históricamente desastrosos. Porque, no nos engañemos, la “estrategia de la amalgama” que el ecologismo político viene practicando casi desde sus inicios y, con independencia de los logros medidos en representación institucional, sólo pone en evidencia la propia debilidad de los partidos verdes y nos obliga a cuestionarnos varios asuntos en un sano ejercicio de prospección que vela, no sólo por nuestra propia supervivencia como organización política, algo que en última instancia es accesorio, sino sobre la propia supervivencia del ecologismo político.

¿A qué estamos dispuestas a renunciar para alcanzar la representación institucional? Clic para tuitear

Creo que es de todas conocido que una de las características esenciales del movimiento ecologista es su negativa a la asimilación por el sistema político tradicional. Esto ha favorecido una fractura muchas veces irreconciliable en el seno del movimiento entre los que consideran que la lucha ecologista debe realizarse desde la sociedad y por la sociedad y, aquellos que entienden legítimo el activismo desde las instituciones y los cauce que el sistema político posee. Este es, a mi entender, uno de las principales motivos por los que el ecologismo político no triunfa en las urnas, la desafección con los partidos verdes, en el mejor de los casos, de los grupos sociales ecologistas que, por otro lado, cuentan con un grandísimo apoyo y simpatía por parte de la ciudadanía. Los datos corroboran la hipótesis de la incongruencia que esto supone. Mientras Greenpeace cuenta con 100.000 socios y socias en el estado español, Equo apenas pasa de las 2.500 personas afiliadas, y Verds -Equo, la organización territorial que más representación institucional ostenta, con toda una macroconselleria bajo la responsabilidad de su gestión, tenía tan sólo 218 afiliadas en octubre de 2015, lo que, además, representa, aproximadamente, un 30% menos de la media de Equo a nivel estatal.

Surgen muchas preguntas.

  • ¿Qué le está faltando al ecologismo político para tener tirón electoral?
  • ¿Qué cosas debemos atar con fuerza para sobrevivir como minorías en el seno de grandes confluencias sin perder nuestra esencia y, por lo tanto, nuestro “atractivo”?
  • ¿Cómo vamos a conciliar nuestra ideología rupturista con las posturas meramente redistributivas que perpetúan un modelo obsoleto?
  • ¿Cómo vamos a conectar con el movimiento ecologista social?
  • ¿Cómo vamos a conectar, sin más, con la ciudadanía en general?
  • ¿Corremos el riesgo de convertirnos en mera “marca verde” sin apoyo social?
  • ¿Seguirán queriéndonos nuestros socios cuando chequeen esa posibilidad?
  • ¿Vamos a mirar a otro lado pensando que pisamos terreno firme?
  • ¿Será el ecologismo político sencillamente engullido por la izquierda?
  • ¿Creéis que Equo, un partido joven y aún débil, se ha precipitado en su política de confluencias después de los 215,776 votos del 2011?
  • ¿A qué y cuántas cosas estamos dispuestos a renunciar por alcanzar representación institucional?
  • ¿No es, acaso, la política el camino por el que llegas a los resultados?
  • ¿Seguiríamos siendo ecologistas si cogiéramos otro camino? ¿Hay atajos?

Sólo son preguntas y lo apasionante de esto es lo que hagamos con ellas. Yo estoy convencida de que someterlas al debate abierto de la afiliación y simpatizantes nos dará las pautas para tomarle el pulso a nuestra realidad, será el camino que nos abrirá las puertas del futuro y cuyo recorrido nos hará, sin duda alguna, más fuertes y preparadas para una lucha que no es quimérica, sino que se ha visto muchas veces, a lo largo de su corta historia, paralizada por la división y el individualismo, la lucha del ecologismo en el plano político.

Silvia González
Silvia González

En esta ocasión, Equo, cuya gestación ha sido muy diferente en los territorios del Estado y, en algunos casos, incluso muy complicada y criticada por el propio movimiento ecologista -recordemos, como ejemplo, a los compañeros del partido Los Verdes de Villena que en la fundación de Equo País Valenciano decidieron, finalmente, mantenerse fuera – está llamada a ser la organización aglutinadora y definitiva que ocupe el espacio verde en el estado español.

 

Volvamos la mirada, entonces, y busquemos respuestas.

La autora de este artículo es Silvia González, aquí podéis saber más de ella:

Silvia González

Aquí hay una serie de colaboraciones suyas en prensa :

Silvia_ González_El diarioes

 

Para ver el resto de artículos de la serie:

Orgullo ecologista: fuimos, somos, seremos (III)

Orgullo ecologista: fuimos, somos, seremos (II)

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2 thoughts on “Orgullo ecologista: fuimos, somos, seremos (I)


  1. Buenas preguntas. Yo tengo respuestas…las mías propias, como cada cuala. (¡en Asturianu existe «cuala»!). Un problema es atribuirse la razón en exclusiva como si los dioses hablasen por boca de uno, debemos reservar una poca para las demás personas, a la vez que debemos arrinconar la unilateralidad y el providencialismo. Führer, Duce, Conducator y Leader significan LO MISMO.
    La solución a la ecuación multivariante se puede hallar colectivamente si el deseo de acertar es lo que mueve a las personas involucradas, y si no hay razones nutricias de por medio (mantenencia y/o satisfacción de ego). Caminemos, pedaleemos. Norabona pol artículu


    1. Muchas gracias, Kike. Estoy de acuerdo contigo en que la construcción de un proyecto político sólo puede ser colectiva, con enfoque bottom-up. Hay que revisar el concepto de liderazgo.

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