Orgullo ecologista: fuimos, somos, seremos (III)

El 1 de junio de 2014, el coportavoz de Equo, Juantxo López de Uralde publicaba un artículo en la web del partido en el que daba respuesta a cierto sector de la organización crítico con el juego de alianzas y analizaba, al tiempo, los resultados y circunstancias de las recién celebradas elecciones europeas. El título de ese artículo era Somos lo que somos

El mar cantábrico desde la costa guipuzcoana. Autor JMFP
El mar cantábrico desde la costa guipuzcoana. Autor JMFP

Hoy, que yo quisiera también escribir sobre lo que somos, en referencia, por supuesto, al ecologismo político español, confieso que me siento un tanto divertida por causa de este título y que me provoca la travesura de hacer la broma fácil – que nadie se me enfade por esto, ¡por favor! – y dar por terminado este artículo justo cuando me propongo empezarlo. Pero, obviamente, no voy a hacerlo, sólo he caído en la tentación, porque aún me provoca mucho más la posibilidad de ahondar sobre lo que el ecologismo político representa en estos momentos históricos y en que cómo somos percibidos por la ciudadanía de este país. Así las cosas, tengo el presentimiento de que, en estas líneas, voy a complicarme la vida un poco más de lo que lo hizo entonces, aparentemente, el coportavoz de Equo.

Las alianzas ideológicamente antinatura acaban siendo interpretadas en términos de oportunismo Clic para tuitear

Y digo, aparentemente, porque la ilusoria simpleza del perogrullo, en el contexto en el que la frase fue emitida, la convierte en polémica y también en magistral por la eficacia con la que responde a  sus fines: un directo al ego, una colleja a la “ambición” de aquellos que se mostraron insatisfechos con los resultados de unos pactos muy controvertidos en el seno de un ecologismo político que anhelaba y anhela regeneración y que siempre ha cargado a sus espaldas con la cruz de unas alianzas ideológicamente “antinatura”, difícilmente comprensibles para el ecologismo social y de base y, especialmente, para la ciudadanía, que termina interpretándolas en términos de oportunismo.

Por supuesto que una cuestión diferente en este entramado, aunque estrechamente relacionada, es el tránsito que en este país vamos dando, a trompicones, de una política de la competencia a una política de la cooperación, tal y como nos están dejando ver las principales fuerzas políticas en ese vía crucis en que se está convirtiendo la constitución del nuevo gobierno del Estado y sobre lo que, sin duda, existe un debate de máximo interés inabordable ahora mismo en este texto.

Puerto de Mutriku en Guipúzcoa. Autor JMFP
Puerto de Mutriku en Guipúzcoa. Autor JMFP

Siendo el ecologismo político la única opción política realmente innovadora, poseedora del discurso rupturista que esta sociedad necesita para afrontar las crisis del Siglo XXI, es bien cierto, no obstante, que no vamos a encontrar hermanos del alma en el actual escenario político. Pero esta circunstancia no es, en absoluto, un motivo de lamentación para nosotras, muy al contrario, lo es de orgullo, porque es esa, exactamente, nuestra fortaleza, nuestra esencia, lo que nos hace ser lo que somos, lo que nos hace atractivas a nuestro electorado y, por lo tanto, lo que hay que poner en valor y visibilizar, con los medios a nuestro alcance que, en la sociedad del conocimiento, la multimedia y las redes sociales, son muchos.

Actuar con sano orgullo ecologista, promover pactos que nos den visibilidad – recordemos que en el pacto con Podemos, Equo es la única formación sin portavocía – escapar de actitudes que alimentan un sentimiento de debilidad, ser perseverantes como lo es el bosque frondoso que se construye con el transcurrir del tiempo, ser pacientes, porque sólo el loco se sienta a ver crecer una flor, son actitudes inherentes a nuestra propia idiosincrasia, opciones, sin duda, largoplacistas pero que enraízan más profundamente el proyecto de consolidación que llevamos entre manos.

En el pacto con Podemos, EQUO es la única fuerza que no tiene portavocía Clic para tuitear

Playa de Mutriku en Guipúzcoa. Autor JMFP
Playa de Mutriku en Guipúzcoa. Autor JMFP

«Somos lo que somos», en mi interpretación, es una confesión de debilidad, un reconocimiento de la precariedad en el punto de partida del ecologismo político post-confederal visibilizadas, entiendo, para apoyar proyectos políticos que al menos en origen han sido definidos como cooperativos. Y si bien, en esto, estoy de acuerdo, en la condición minoritaria del ecologismo político en España, no estoy tan segura de que esa situación pueda o deba servirnos de excusa a la hora de diseñar unas estrategias que la experiencia nos ha demostrado no sirven por sí solas para alcanzar nuestro objetivo, es decir, la consolidación de un único referente político ecologista, fuerte y unido, visible social e institucionalmente, dotado de credibilidad para la ciudadanía y con identidad propia en el Estado español. Más bien, considero, que si no se acompañan de la coherencia de acción necesaria pueden provocar en el futuro el efecto contrario y perpetuar, en el mejor de los casos, esa misma situación de debilidad que se pretende combatir.

Decir somos lo que somos, es una confesión de debilidad Clic para tuitear

En este sentido, es mi opinión, que los legítimos deseos de recompensa al extraordinario esfuerzo que supuso la puesta en marcha de Equo, como proyecto de reconstrucción de un espacio verde devastado tras la expulsión en 2012 de la Confederación de Los Verdes de España del Partido Verde Europeo, son un elemento de precipitación que, quizás, pudieran desenfocar ese objetivo.

El fracaso de la Confederación de Los Verdes y el nacimiento de Equo.

Como nos recuerda Uralde, Equo nació «con el objetivo de abrir en España el espacio que la ecología política merece y que nunca había conseguido en nuestro país.»

El escenario político ecologista en 2011 era, efectivamente, de fracaso histórico. La Declaración Verde de Hondarribia había quedado en papel mojado si bien sirvió para identificar las deficiencias del proyecto. Uno de los aspectos que quedaron sobradamente demostrados fue la ineficacia del modelo de confederación para la construcción política del ecologismo. Muy al contrario, había favorecido la aparición de un conjunto de partidos con un alto grado de autonomía política y electoral que competían entre ellos con diferentes estrategias de coalición, sin apenas militantes ni censos públicos, sin organización, sin recursos económicos y con insuficiente capital humano. Partidos, en algunos casos, subyugados a cúpulas dirigentes cuyos métodos estaban radicalmente alejados de los principios de transparencia, democracia participativa, antijerarquía y respeto a las minorías que inspiran el ecologismo político.

En este contexto, la Fundación Equo consiguió liderar ese trabajo de reflexión imprescindible para enderezar la nave verde, revelar qué es lo que había sucedido en el pasado y diseñar nuevos mecanismos de funcionamiento interno y estrategias políticas exitosas. Y para todo ello, utilizó el diálogo abierto y plural, no con el mismo éxito en todos los territorios, lamentablemente, pues de todas es conocido que en algunos, por inercias del pasado o por el excesivo protagonismo de otros partidos, como fue el caso del País Valenciano, el conflicto estuvo servido desde el principio. Esta situación alejó a un significativo sector del ecologismo político y social en esta Comunidad al tiempo que atraía individualidades de origen desconocido, remoto, incierto, seducidos por la juventud del proyecto y la maleabilidad inherente a esa juventud, con una clara vocación de aprender con rapidez el camino a los sillones del poder.

La actividad de las diferentes gestoras repartidas por todo el estado español permitió la constitución del partido ecologista unificado, trece de los dieciséis partidos que formaban la Confederación se integraron como parte fundadora de Equo, agrupando así a treinta y cinco partidos verdes. Equo había nacido y con Equo se renovaban las ilusiones de las bases y del electorado. Fueron momentos históricos.

Hay que destacar que algunas de las personas más destacadas de Equo, Juan López de Uralde, Alejandro Sánchez, Santiago Martín Baraja o Cecilia Carballo provenían directamente del movimiento ecologista lo que, sin duda, aportó una indiscutible solvencia al proyecto. Como creo que es también indiscutible el agradecimiento de la militancia al trabajo extraordinario realizado por estas personas. Recuerdo aquellos años en los que esta labor se presentaba ante mis ojos como un esfuerzo titánico, un periplo incansable que les condujo por todos los rincones de la geografía española en busca de apoyos que sumaran al proyecto de construcción del espacio político verde. Muchas horas de vuelo, muchos dolores de cabeza. Sin duda, esto genera deudas, estoy de acuerdo, pero no del proyecto común a los territorios, como pretenden algunos en un ejercicio que califico de prepotente sino, exactamente, al contrario. Deudas con la voluntad de unidad y superación de la perjudicial fragmentación histórica, deudas con la revisión de los errores del pasado, deudas con la ilusión de empezar de nuevo y empezar mejor.

Invito, por lo tanto, a ser un partido unido, libre de deudas, deudas que coloquen a nuestros representantes federales en una situación incómoda que oscurezca una trayectoria brillante y ejemplar.   Sinceramente creo que es mejor no pagarlas, en el caso de que alguien se sienta obligado, sinceramente creo que es injusto exigirlas y que el resultado de esas transacciones será la erosión de  personas de gran valía para la aún inacabada construcción verde.

Costa de Llanes en Asturias. Autor JMFP
Costa de Llanes en Asturias. Autor JMFP

Equo nació con la meta de obtener el 10% de los votos en las elecciones de 2011, los 216.748  obtenidos no podían interpretarse como un éxito, sin embargo, dejaban ver el potencial de la nueva organización. Máxime cuando, al ya conocido contexto favorable caracterizado por el agravamiento de los problemas ecológicos-sociales y el crecimiento constante del movimiento ecologista y del  ambientalismo sociocultural, venía a sumarse un movimiento social crítico que no se identificaba ya con el modelo de democracia ni con los partidos tradicionales y que pedía, literalmente a gritos, transformación política como herramienta que es de transformación social.

No podemos negar el extraordinario empuje de la fuerza política emergente por excelencia, Podemos, ni que nuestros recursos para plantarnos ante la ciudadanía con nuestras propuestas bajo el brazo no eran probablemente los mismos, tampoco nuestro mensaje es tan “digerible”, pero sí que me voy a atrever a decir que, quizás, nos faltó resiliencia.

Los resultados de las pactos electorales medidos en logros institucionales son increíbles, de fiesta colectiva. Es urgente, por lo tanto, mantener la cabeza fría y establecer las medidas que sean necesarias para que este éxito sea totalmente rentabilizado y nos permita concurrir a próximas convocatorias en mejor situación, siempre en mejor situación es la regla. La próxima asamblea federal de Equo es, sin duda, el escenario perfecto para acometer un plan de acción de éxito rotundo.

¿Ecosocialismo?

Pero entre los promotores adscritos a Equo también hubieron representantes provenientes de partidos políticos tradicionales, especialmente a nivel regional y local, como Izquierda Unida, PSOE o Iniciativa del País Valenciano, o de sindicatos como CCOO.

Indudablemente, algunas de estas personas, con su experiencia y buen hacer, han sido una maravillosa y rica contribución al proyecto verde pero, lo cierto, es que con ellas han traído también un sistema de organización y funcionamiento en muchos aspectos alejados del asamblearismo de corte libertario que caracteriza el ecologismo político y más próximas a enunciados ecosocialistas, marxistas y en algunos casos, que para mi tristeza conozco muy bien, directamente estalinistas.

El ecologismo político se caracteriza por un asamblearismo de corte libertario Clic para tuitear

Este sistema, como todas las cosas – no hablo del estalinista, por supuesto, que es declaradamente nocivo – no es sí mismo ni bueno ni malo, será perjudicial en la medida que nos haga olvidar lo que somos. Y si existe una voluntad de integrarlo en nuestro ideario tendrá que ser larga y sinceramente debatido, sin preguntas trampas ni sobornos, pues en ello va nuevamente lo que somos y significamos para aquellas personas que nos votan y, también, por qué no decirlo, para aquellas otras que confluyen electoralmente con nosotras. Será, además, conveniente ser prudentes, ahora que nuestra membresía de pleno derecho en los PVE está al alcance de las manos.

Lo que somos.

La carta constituyente de Equo indica como señas de identidad la defensa de la sostenibilidad, la democracia participativa, la justicia social, la equidad y los derechos humanos. Se presenta como una formación capaz de dar respuesta, de forma participativa, a las demandas ciudadanas y que, frente a los partidos tradicionales, se propone recuperar el sentido de la política como un instrumento de transformación y gestión colectiva. Su vocación es la aglutinación del ecologismo político español en un único proyecto político, en una única fuerza claramente reconocible por el electorado que supere la secular atomización del espacio político verde. Durante el periodo de gestación, López de Uralde, definió el ADN ideológico de la formación como de “ecologistas, federalistas, republicanos, antinucleares, anticapitalistas, antitaurinos y pacifistas”=(Artículo Uralde diario público)

ecologistas, federalistas, republicanos, antinucleares, anticapitalistas y pacifistas Clic para tuitear

Los estatutos federales de Equo recogen fielmente todo esto. Así como, el rico acervo normativo – estatutos, cinco reglamentos y un código ético- del que, en tan corto plazo de tiempo, ha sabido dotarse la organización, en congruencia con los principios de transparencia y democracia participativa propios del ecologismo político. Algo que debe hacernos sentir orgullosas.

El artículo 2.2 de los estatutos, establece el carácter federal de la organización y en el 5 los principios generales de funcionamiento: igualdad, pluralidad, participación, horizontalidad…

Igualdad, pluralidad, participación, horizontalidad Clic para tuitear

Equo, sin duda, responde a las reivindicaciones de las bases de creación de un partido-red, federal, bajo una única sigla, unido, con un marco regulatorio común que recoja los principios fundacionales e inspiradores del ecologismo político, regulación de mínimos que expresa y vela por lo que somos y cuya quiebra en el nivel que sea supone una vulneración a reparar. En mi opinión, quizás queda aún un trecho importante que recorrer en relación a la apertura de nuevos mecanismos de participación o asociación que nos permitan integrar el talento y la energía del ecologismo social, las universidades o el movimiento altermundista.

Algas. Autor Carlos Charro
Algas. Autor Carlos Charro

Corresponde a Equo federal, por lo tanto, velar por la armonización de los estatutos y reglamentos de las diferentes territoriales, tarea que, obviamente, corresponde realizar al único órgano federal que existe de carácter jurídico o legalista y cuya neutralidad es requisito de su naturaleza, la Comisión de Respeto y Transparencia. Esta armonización no significa en ningún caso una vulneración de la autonomía, que no soberanía, de las diferentes territoriales sino una salvaguarda imprescindible para no volver al antiguo y vergonzoso reino de taifas del que Equo nos libró. Podría realizarse de oficio o a instancia de parte y evitaría situaciones tan bochornosas como la vivida en Valencia, donde ocho personas fueron expulsadas por acudir a los órganos federales en solicitud de un dictamen de carácter no vinculante al considerar que se estaban vulnerandose los principios inspiradores del ecologismo, expulsión que es una cuestión, sin duda, derivada y secundaria del problema mayor que supone la asimilación de doctrinas extrañas a nuestra ideología, la deriva ideológica e identitaria y la no asimilación de las reglas comunes de funcionamiento y organización.

Defiendo lo que somos con orgullo ecologista Clic para tuitear

Personalmente, que gracias a esta expulsión he resuelto ya mi eterno debate entre activismo ecologista o militancia política y que, en estos momentos, me dedico, exclusivamente, a la coordinación de la Plataforma valenciana por un nuevo modelo energético -sí, me gustan las plataformas- sólo me siento afectada por esta cuestión en tanto que ecologista y votante. Sin embargo, no puedo resignarme a la idea de que ese trabajo extraordinario que supuso la creación de Equo se ponga en peligro por intereses y ambiciones particulares de un grupo de personas que, sinceramente, no tienen ni idea de quienes somos. Por eso, hoy me he animado a defender lo que somos, con  orgullo ecologista.

La autora del artículo:

Silvia González

Los dos artículos anteriores de la serie:

Orgullo ecologista: fuimos, somos, seremos (I)

Orgullo ecologista: fuimos, somos, seremos (II)

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2 thoughts on “Orgullo ecologista: fuimos, somos, seremos (III)


  1. Un artículo que evoca la añoranza de un idealismo en lo que creiamos, muchas de las personas que con el corazón puesto en la esperanza de un horizonte diferente, de una sociedadad mas ecológica y justa, hemos visto como se truncan muchos idealismos por un ego de quienes miran su propio ombligo político, donde no dejan crecer las flores de la diversidad y donde cualquier impulso creativo, diferente e innovador, lo pisotean con los rodillos de la tradición política, de la imposición sin dialogo, no dejando crecer aquella semilla que permita que exista una verdadera alternativa sincera, honesta e integradora desde la ecologia política y de lo diferente, permitiendo los cambios hacia una verdadera y nueva sociedad más plural y consciente de lo que se nos avecina si no cambiamos el rumbo a la que nos avocan los neoliberalismos y un capitalismo voraz que no tiene en cuenta a las personas, ni la vida en esta Tierra, destrozando el equilibrio de los ecosistemas y la convivencia humana.
    Mi más sincera expresión de lo ingenuo por seguir creyendo en esta esperanza de un mañana mas ecológico, honesto y que luche verdaderamente por las personas y por un cambio que nos lleve a un mañana mejor.
    Un abrazo desde tierras alicantinas


  2. Este artículo, el último de la brillante trilogía sobre ecologismo político, es una reflexión profunda y valiente que vale la pena leer. Hace falta tanta reflexión serena en la política española. Ojalá hubiera más aportaciones como esta para aclarar tanto nubarrón

    ¡Arroja mucha luz sobre el convulso panorama político de España!

    Gracias Silvia por tu esfuerzo de construir política nueva de verdad.

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