Lengua y feminismo.

La lengua está viva, cambia, incorporamos nuevas palabras y otras caen en desuso, aunque algunas tardan más en ser aceptadas que otras. Pero no es neutral. Y sí, curiosamente, las que nombran a mujeres en puestos que no solían ostentar suelen ofrecer más resistencia que otras. Hasta ahora la evolución lingüística ha seguido un modelo patriarcal que hacía que voces perfectamente adaptadas al sistema como diputada (diputado/a) tardaran en incluirse en la norma, siendo nombradas como la diputado (en ciertas profesiones, como la militar, la resistencia sigue hasta hoy), o que el masculino se utilice como inclusivo cuando no siempre ha sido así[i] . Las mujeres también, por convencimiento, queremos seguir impulsando la feminización de la lengua y de la vida pública y tener las palabras que nos nombren en femenino es parte de esa reivindicación. Lo que no se nombra no existe, y si excluimos a las mujeres de la lengua, mal podremos enseñar a las niñas que son iguales que sus compañeros. ¡Es tan evidente!

Hay cambios que nos parecen de los más naturales, normales. Pero tienen unas connotaciones importantes. Hablante, oyente, caminante, estudiante,… valen para el y la, ¿verdad? Pues poco tardó en entrar “sirvienta” y tampoco hacía falta. Sin embargo, otros cuestan más: ¿amo de casa? Se tiende a evitar.

¿Por qué aceptamos sirvienta y rechazamos amo de casa? Clic para tuitear

Algunas afirmaciones que se están lanzando estos días tampoco son exactas. Muchas voces femeninas, a pesar de adaptarse perfectamente al sistema, tardaron en aceptarse como ya hemos dicho. Ya dice la propia RAE, en su Diccionario panhispánico de dudas, “en el modo de marcar el género femenino en los sustantivos que designan profesiones, cargos, títulos o actividades influyen tanto cuestiones puramente formales —la etimología, la terminación del masculino,  etc.— como condiciona_ mientos de tipo histórico y sociocultural, en especial el hecho de que se trate o no de profesiones o cargos desempeñados tradicionalmente por mujeres”. Como jueza,  y he escogido la palabra juez por su terminación, como portavoz, ambas sustantivos. Portavoz es, como juez o capataz, una palabra que se ha usado como común, y sobre esto también dice la RAE: “Los que acaban en -l o -z tienden a funcionar como comunes: el/la cónsul, el/la corresponsal, el/la timonel, el/la capataz, el/la juez, el/la portavoz, (…). No obstante, algunos de estos sustantivos han desarrollado con cierto éxito un femenino en -a, como es el caso de juez/jueza, aprendiz/aprendiza, concejal/concejala o bedel/bedela.”

La RAE está yendo por delante de algunos esta vez.  Y eso no es frecuente. La lengua cambia pero si, a veces, la empujamos un poquito, a lo mejor se adapta más pronto a la realidad actual. ¿Por qué juez o aprendiza y no portavoza? Y no lo digo yo sola… Recomiendo, para vencer resistencias, este artículo de Salvador Gutiérrez Órdoñez, que  es catedrático de Lingüística y  miembro de la RAE,  Sobre ‘pilota’, ‘portavoza’, ‘miembra’ y otros femeninos

[i] El mundo en femenino  http://www.pikaramagazine.com/2012/03/el-mundo-en-femenino-maria-s-martin-barranco-argumenta-la-importancia-de-emplear-un-lenguaje-inclusivo/

Elena Revuelta

Elena Revuelta vive en Murcia y es profesora jubilada. Ha sido miembro de la Comisión ejecutiva federal de EQUO desde la asamblea de noviembre de 2016 hasta su dimisión en febrero de 2018. Elena es miembro del consejo editorial de este blog y colaboradora activa del mismo.

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