Extranjera en todo lugar

Hasta los ocho años yo era somedana, podría decir incluso que sólo era Vatsega, no necesitaba más, no conocía más.
Tenía una casa que era mi hogar, una familia que me protegía (soy la pequeña de siete hermanxs), unxs vecinxs que conocia, que quería, unxs amigxs que vivían como yo. La escuela al lado de casa. Todo mi mundo, toda mi patria era Valle de Lago. Una es de donde es feliz.
Rilke, decía que la única patria era la infancia.
Y sí, estoy de acuerdo ese lugar sí fue mi patria.
A los ocho años por circunstancias de la vida dejé de sentirme así. Interna en Pola de Laviana, territorio ajeno a mí, con compañeras ajenas a mí, Madres (monjas) ajenas a mí, no podía considerarme de ese lugar. Ahí dejé de tener Patria.
En Somiedo éramos « Las de Laviana» en «Laviana» éramos las somedanas.
Con catorce años me vine para Oviedo, ciudad que me dio alas. Aquí rodeada de gente extraña, de libros, de juventud, de descubrimientos, me sentí acogida, entendida, pero nunca me sentí ovetense. No, aquí tenía mi casa pero no era mi hogar, era el piso de estudiantes. Y seguía siendo en Oviedo la somedana. En Somiedo la de Oviedo. Y yo no me sentía de ningún lugar. Así pasé mis cuarenta años, estudiando, trabajando, viviendo en Oviedo. Las vacaciones casi todas ellas en Somiedo que ya no sé si lo consideraba mi hogar pero sí era el sitio al que siempre quería volver.
Circunstancias de la vida hacen que vuelva a trabajar a mi pueblo, ese que conozco de memoria. Sus caminos, sus praos, sus piedras, sus cuevas y rincones no me son nada ajenos. Ese lugar que fue mi patria, que fue mi hogar, que ahora siento pero que ya no es nada de eso
Emma Alvarez
Cambian los pueblos, cambian las personas.
Ya no somos lo que éramos.
Siempre pensé que una es de ese lugar que conoce, de ese lugar donde trabaja, donde tiene su hogar, sus raíces, pero una más bien es de donde se siente a gusto, donde le respetan sus propiedades, donde se respeta el entorno, donde  se siente identificada con lo que ve, con lo que es. Se puede ser de muchos sitios.
A veces digo que quiero vivir en Lisboa, en París, en Bilbao, porque una quiere estar en esos lugares con los que se identifica, en esos lugares que le ayudan a ser, a crecer.
No, no soy de Oviedo, no soy de Somiedo, no soy de Laviana o ¿ Sí? Puede que  sea de todos esos sitios que han hecho que sea lo que soy, extranjera.
Me gusta rodearme de belleza, de salud, de armonía, de gente respetuosa, diferente, feliz.
Vivo en Oviedo desde 1980, casi toda mi vida la pasé aquí. Aquí aprendí casi todo lo que sé. Esta ciudad de novela, vetusta, un poco rancia, gris, esta ciudad que duerme la siesta. Esta ciudad con historia, con cultura, con solera. Aquí vivo, aquí me siento en casa y extranjera.
Me gustaría que Oviedo fuese una ciudad de puertas abiertas al de afuera, a la convivencia, a la multiculturalidad, a lo diferente.
Un Oviedo para vivir, se sea de donde se sea. Sin contaminación, sin ruidos, sin pobreza.
Una ciudad verde, europea, que cada barrio tenga su personalidad, su encanto, su desarrollo, sin especulaciones urbanísticas.
Este barrio donde siempre viví y  que han matado necesita una oportunidad de progreso, de desarrollo sostenible, con futuro.
Una ciudad con consumo local, con tiendas de barrio, con cines, con cultura en las calles.
Una ciudad con menos coches, con más niños jugando en las aceras, en los parques.
Con los coches fuera de la ciudad.
Con un mundo rural vivo, que pueda desarrollar su agricultura, su ganadería y mantenerse de lo que produce.
Con colegios públicos de calidad, de inclusión, con tiempo para el aprendizaje fuera del aula. Con comedores llenos de comida sana, de proximidad.
Cuando esta ciudad sea así, cuando este país sea así, cuando Europa sea así, podremos estar orgullosos de nuestra patria, de nuestra lugar, de nuestro mundo.
No hagamos caso del discurso del miedo, del peligro a lo desconocido, a lo diferente.
No hagamos caso al discurso de banderas que separan.
No hagamos caso al discurso del humo, del maltrato a la tierra, del consumismo. De la explotación del suelo. Eso ya pasó.
Hagamos unos pueblos, unas ciudades, un planeta más humano, más ecofeminista, e igualitario, donde la salud de las personas sea la prioridad. Para cuidar nuestra salud tenemos que cuidar la del planeta.
No sé de donde soy, pero sé como tiene que ser ese lugar donde quiero vivir; Oviedo.
Un joven mancebo de una pastelería, que había estudiado en el colegio y recordaba aún algunas frases de Cicerón, se jactaba un día de amar con entusiasmo a la patria. «¿Qué entiendes tú por patria? —le preguntó un concurrente a la pastelería—; ¿es el horno donde trabajas?, ¿es la aldea donde naciste y que no has vuelto a ver?, ¿es la calle donde vivían tu padre y tu madre, que se arruinaron, obligándote a pasar la vida haciendo pasteles?, ¿es la iglesia de Nuestra Señora, en la que no conseguiste ser acólito, mientras que un hombre absurdo llega a ser arzobispo y duque y a disfrutar de veinte mil luises de oro de renta?» El mancebo de la pastelería no supo qué contestar, y un filósofo que estaba oyendo la conversación sacó por consecuencia que en la patria que es algo extensa se encuentran frecuentemente millones de hombres que no tienen patria.
Voltaire
La autora de este texto es Emma Alvarez, que como se puede ver en este enlace es la candidata de Alternativa verde por Uvieu – EQUO:
Esta publicación está dentro de nuestra campaña Cuéntanoslo:
Emma también ha publicado en otras ocasiones en este blog:
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