El cainismo de la izquierda

Con el sentido del humor que nos caracteriza a la izquierda para hablar de temas serios, hay un chiste que dice: “¿Qué es un trotskista? Un partido. ¿Qué son dos trotskistas? Un partido y una corriente. ¿Qué son tres trotskistas? Un partido, una corriente y una escisión”.

También los Monty Python hicieron una parodia memorable de la desunión de la izquierda en  La vida de Brian, en aquella escena en la que se insultaban unos a otros al grito de ¡disidentes!.

Calas. Fotografía Eva del Fresno

Le ponemos humor pero nos preocupa, y nos preocupa porque sabemos que es verdad. La izquierda se fragmenta mucho más a menudo y esto  nos debilita  hasta un punto en el que casi parece que el auge de la derecha y del fascismo no es fruto de sus méritos ni de sus políticas, sino de nuestra incapacidad para hacerles frente, de nuestro inmovilismo, porque las tensiones internas dentro de un partido es lo que más inmovilismo genera. Sencillamente la fuerza de un partido es la energía que le aporta la militancia, y si la militancia se vuelca en luchas internas queda muy poco tiempo para otras cosas.

Si la militancia se vuelca en luchas internas, no queda tiempo para otra cosa Clic para tuitear

Si queremos cambiar esta dinámica lo primero es analizar las causas. Hace poco leí una serie de artículos recomendados  por Verdes y Libertarias del politólogo Ignacio Sánchez-Cuenca en el que analiza esta cuestión  a mi entender de una manera muy clara, pero – y esta es la razón por la que escribo este artículo  –  sin tener en cuenta el aporte de la ecología política. Mi intención es recoger este aporte que no se contempla en la serie de artículos iniciales, me temo no saber hacerlo con tanta claridad como él ya que mi formación política se la debo  a mis años de afiliación al partido EQUO, pero espero al menos abrir un debate que se pueda enriquecer con las aportaciones de otros compañeros y compañeras.

Merece la pena leer los artículos de Sánchez Cuenca al completo, porque son muy interesantes. No obstante voy a empezar resumiendo sus argumentos fundamentales, para que me sirvan como punto de partida.

  1. Las personas de izquierdas tienen un sentido ético y de la justica más acusado. Por eso se rebelan contra la desigualdad social. Son moralmente superiores.
  2. Ese compromiso moral tiene un lado negativo ya que explica la división de la izquierda porque el grado de exigencia para con el partido es mucho mayor. También explica el pasado violento de la izquierda porque el grado de compromiso para alcanzar la justicia social se antepone  a cualquier otra consideración moral.
  3. Como la izquierda más pura es violenta internamente y hacia afuera, la socialdemocracia es la mejor opción. La socialdemocracia ha  optado por una vía reformista aunando el sentido ético y de la justicia de la izquierda, con cierto pragmatismo de la derecha. Su fracaso se debe a haber roto el equilibrio y a haberse dejado colonizar  por el discurso la derecha, con lo cual ha perdido la confianza de sus votantes.
Rosas. Autora Eva del Fresno

La conclusión que se desprende este análisis es que los enfrentamientos dentro de la izquierda son inevitables porque tienen que ver con el exceso de moralidad  de las personas que la forman. Que una izquierda revolucionaria es por naturaleza  fisípara (término del autor) e incluso resulta peligrosa por su exceso de idealismo ya que “algunos de los peores excesos represivos y totalitarios en la historia política se han llevado a cabo como consecuencia de una búsqueda absoluta de la justicia”.  Dicho de otro modo: si la izquierda no se rompe no es tan buena izquierda, si no es agresiva tampoco. La única manera de que la izquierda resulte operativa es moderándose; la moderación de la socialdemocracia permite la consecución de objetivos por la vía de la reforma con lo cual no pone en peligro la estabilidad social y además sus posibilidades reales de gobernar  actúan como una factor de cohesión interna, por eso la crisis socialdemócrata nos enfrenta a un futuro sombrío con pocas esperanzas de derrotar el avance de la extrema derecha.

Mi única pega a este análisis es que resulta incompleto porque no tiene en cuenta  la irrupción de la ecología política. Se podría objetar que la ecología política es una fuerza minoritaria   – esto no es cierto en otros países aunque debo reconocer que en España sí – sin embargo su discurso  no puede pasarse por alto porque representa la alternativa a los problemas que  lastran a la  izquierda radical y a la moderada. Por eso considero que al menos una mención era necesaria. Mi intención es exponer al menos tres  premisas de funcionamiento que convierten a la ecología política en una alternativa  para derrotar el avance fascista y neoliberal.

La ecología política es la alternativa al fascismo y al neoliberalismo Clic para tuitear

Pero antes, siguiendo el esquema que plantea Ignacio Sánchez-Cuenca, necesito empezar por el principio: por la fuerza que representa el motor de la izquierda y a su vez su debilidad.

La iniciación a la izquierda: una cuestión de carácter

¿Son las personas de izquierdas más sensibles a las injusticias?. ¿Es la izquierda moralmente superior a la derecha por su compromiso con la igualdad  y el bienestar para el conjunto de la sociedad?. Antes de responder que sí, vamos a pensar cuál es la realidad que nos rodea. El mundo no funciona de manera justa, no vivimos en una sociedad igualitaria. Nacemos en una cultura patriarcal y capitalista, clasista, racista y homófoba, competitiva y violenta. El mundo es de derechas.  Estos son valores que interiorizamos. Incluso las personas de izquierdas de segunda o tercera generación se socializan en este contexto. El compromiso con la izquierda exige sensibilidad para detectar y rechazar las injusticias, exige empatía e  idealismo. Pero no sólo eso. ¿Es que vamos a atribuirnos la conciencia ética en exclusiva?.  

La identificación con la izquierda  implica también el desarrollo de la capacidad crítica y el rechazo a esa primera sociedad que nos acoge, muchas veces la ruptura –  aunque sea simbólica –  con la familia, la pareja, o las amistades. La revisión de nuestros valores espirituales, e incluso la deconstrucción de actitudes y creencias propias.  No todo el mundo lo consigue y no depende sólo del carácter: las circunstancias personales, las experiencias vitales, incluso el azar que rige muchas veces estas experiencias, juegan un papel fundamental. No somos de izquierdas, nos hacemos. Y esto exige capacidad de lucha,  valentía, orgullo, y también una buena dosis de inconformismo e indignación y mala leche. Esa es nuestra iniciación y la fuerza que hace que el mundo avance, el problema a mi entender viene cuando la lucha se convierte en un valor en sí mismo ya que toda fortaleza hay que saber encauzarla. En cierto modo  las ideologías de izquierdas lo que hacen es buscar la mejor manera de encauzar la indignación con el sistema. Y la ecología política lo hace siguiendo estas premisas:

No somos de izquierdas, nos hacemos Clic para tuitear

1-  Coherencia entre fines y medios

En la historia de la izquierda la indignación tras la toma de conciencia ética frente a las desigualdades se resolvió asumiendo la violencia como una forma válida para cambiar el mundo, hasta el punto de entender  la violencia como la expresión de un grado de compromiso mayor con los valores revolucionarios. A lo mejor podríamos considerar que en determinadas circunstancias, teniendo en cuenta el contexto social, a veces la violencia es la única respuesta eficaz, pero yo creo que más bien esta decisión se tomó en un momento en que la política estaba fuertemente masculinizada y los roles de género eran mucho más rígidos de lo que son hoy en día.

Esta asociación entre compromiso y agresividad ha marcado la evolución de la izquierda y de algún modo sigue latente. La ecología política la cuestiona de forma definitiva, destierra para siempre la idea de que la revolución es violenta y de que si no es  violenta no es suficientemente revolucionaria. El grado de compromiso con unos ideales se mide por el grado de coherencia en nuestras actuaciones. No es cierto que la izquierda haya antepuesto los valores de la justicia social a otras consideraciones, lo que hizo fue posponerlos y supeditarlos a un segundo nivel.

2 – La coherencia en la estructura interna: Las formas son el fondo

La asociación entre violencia y revolución ha condicionado la estructura interna de los partidos de izquierdas obligándolos a organizarse de modo jerárquico porque una estructura piramidal es más eficiente para ser agresiva. El que la izquierda ecologista haga una apuesta clara por el pacifismo y que se estructure internamente de modo horizontal no es una casualidad. La coherencia externa entre fines  medios es lo que posibilita la coherencia en el funcionamiento interno.

Cangas de Onís, Asturias. Fotografía de Eva del Fresno

Y aquí es donde está el nudo de la cuestión. La izquierda revolucionaria se rompe  porque dentro de una estructura jerárquica las discrepancias internas no tienen otro modo de manifestarse que no sea la confrontación. Además cuando la agresividad se asume como estrategia las personas que llegan a ocupar la cúpula del poder dentro del partido son las más agresivas y comenten abusos que son intolerables para una militancia que cree en la igualdad y la ética. Al final la falta de coherencia externa e interna estalla.

La ecología política se estructura de una manera acorde con la sociedad que quiere crear y da lugar a un nuevo modelo de partido horizontal, radicalmente democrático, con paridad de género, participativo, basado en la cooperación y el trabajo en equipo. Sólo en este contexto interno las críticas y las discrepancias pueden resolverse gestionando los conflictos de modo que se resuelvan y contribuyan a fortalecer el movimiento en vez de debilitarlo. Para que las formas de manifestar los desacuerdos sean constructivas y respetuosas la condición es que existan cauces suficientes para que esto pueda darse. La ecología política apuesta claramente por la cohesión, pero no en base a la alineación ni a la disciplina, sino a partir del diálogo, el respeto a la diversidad y a las minorías, y el cuidado mutuo.

3-  Al sistema no se le derrota destruyéndolo ni negociando, sino creando alternativas

Volviendo a la asociación entre revolución y violencia, la única revolución que triunfó en el siglo XX fue la revolución feminista. En el año 1848 se publicaron el Manifiesto Comunista y también la Declaración feminista de Seneca Falls, mismo contexto histórico, distintos métodos, distinto resultado,  y nadie puede dudar de lo difícil que ha sido y es la lucha de las mujeres, ni de sus logros. Si quedaba alguna duda el triunfo del feminismo demuestra la falsedad de esa asociación. Al sistema se le derrota sobre todo pensando, analizando sus mecanismos y desmontándolos, y trabajando a la vez para construir mejores alternativas. Estas son las armas más potentes.

Al sistema se le derrota pensando y trabajando para construir las alternativas Clic para tuitear

Amanecer en el Parque de Redes (Asturias) autora Eva del Fresno

La ecología política al igual que el feminismo se sitúa entre los movimientos revolucionarios que proponen un cambio radical no violento. Pero la alternativa a la violencia no es la moderación de la ideología, sino el empleo de estrategias más coherentes y más útiles para desarrollarla. La organización interna de la ecología política resulta ideal  para hacer este tipo de trabajo: para pensar colectivamente, para aunar esfuerzos, para visualizar lo que queremos y sobre todo para dar respuestas. Una estructura horizontal es mucho más eficaz en el trabajo constructivo, así que no sólo favorece la cohesión interna, sino que casualmente mantener la coherencia hacia fuera y hacia dentro sitúa a la izquierda en la mejor posición para poder avanzar.

Ser coherente hacia dentro y hacia fuera es lo que permite avanzar Clic para tuitear

Al final hablar de la desunión de la izquierda es un tema muy complejo en el que resulta fácil extenderse (lo siento) y enrollarse, así que sólo quiero añadir una cosa. La cohesión que promueve la ecología política no sólo se basa en la gestión de conflictos, es una auténtica declaración de confianza en las personas que integran los partidos de izquierdas. Sin responsabilidad individual, sin generosidad, sin tolerancia, y una actitud leal y colaborativa, no hay solución que valga. Por eso la puesta en práctica de la ecología política exige otro tipo de coherencia: la coherencia individual, y el esfuerzo por ser mejores de todas las personas que sueñan con hacer del mundo un lugar mejor.

Eva del Fresno

La autora Eva del Fresno es trabajadora social y se define como feminista. Ha sido coportavoz federal de la red EQUO de mujeres y miembro de la Comisión de Respeto y Transparencia Federal de EQUO

 

Algunos artículos suyos en otros medios:

Tus dos minutos por mi vida entera

Acostumbrarse es otra forma de morir

Los artículos a los que se refiere Eva están todos en esta entrada de Verdes y Libertarias:

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2 thoughts on “El cainismo de la izquierda


  1. Ciertamente me han encantado tus ideas sobre la praxis de la «ECOLOGÍA POLÍTICA».
    Aunque nacido en el seno de una familia republicana que tuvo que tragarse su republicanismo y mantener la boca cerrada, como tú creo que bien dices, me hice antifranquista y además de izquierdas.
    Al morir el Dictador me afilié a un partido afín políticamente al sindicato donde militaba y pude aguantar solo diez años, no por falta de interés en la política sino justo por todo lo contrario.
    La «crisis» ha reorientado mis ideas de izquierdas hacia la ECOLOGÍA POLÍTICA y nada más crearse EQUO me hice algo simpatizante, simpatía que acabó cristalizando con mi asistencia a la Univerde de Málaga y finalmente acabé afiliando me a EQUO hace nueve meses.
    Como buen utópico, espero que la izquierda acabe construyendo un marco ideológico donde encuentren cobijo todos sus matices, cuando eso ocurra comenzará un largo periodo de políticas de izquierdas. Estimo, más o menos como tú das a entender, que la ECOLOGÍA POLÍTICA tendrá mucho que decir en ese marco que citaba.


  2. Muchas gracias por leer y comentar Antonio. Me alegra que hayas decidido dar ese paso más en EQUO. Yo soy asturiana, a ver si nos vemos en la próxima univerde. Un saludo

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