Ecologismo tranquilo

Hace unos días leí un texto de Juan López de Uralde titulado “ecologismo de emergencia”, publicado en un blog con el mismo título recientemente fundado. Desde entonces vengo dándole vueltas a algo que se me ha quedado trabado en la cabeza.

Nacimiento del río Duero, Duruelo de la Sierra, Soria. foto JMFP

El artículo consiste en una exposición de varios artículos científicos que demuestran lo mal que estamos y lo peor que estaremos en relación a la crisis ecológica si antes no se ponen medidas. Continúa con una reflexión sobre el papel de la política para acabar con una exhortación a la urgencia de frenar la crisis ecológica que nos amenaza.

Reconozco que, igual que le ocurre a mucha gente, el discurso apocalíptico ya no me afecta, pero no por insensibilidad, sino porque ya estoy convencido y por eso milito en un partido ecologista como EQUO. Hay investigaciones que demuestran que el ser humano reacciona con rechazo ante situaciones que le desbordan, como ocurre con los efectos del cambio climático.

El discurso apocalíptico ya no me afecta Clic para tuitear

Pero la causa de mis desvelos no era esa, sino lo referido a la política. En palabras del autor, actualmente coportavoz de EQUO, “las turbulencias de la política nos hacen a menudo perder el foco de la crisis ecológica que vivimos, y nos llevan a atender y dedicar demasiado tiempo y esfuerzo a cuestiones partidistas, que nos frenan y nos impiden dedicarnos a aquello para lo que nacimos”. Vamos a desgranar lo que entiendo que está aquí recogido, que tiene bastante enjundia.

Por turbulencias de la política supongo que se refiere a elecciones, negociaciones, alianzas y cosas por el estilo. Los acontecimientos políticos que se han producido en nuestro país le dan la razón: dos elecciones en los últimos años para llegar al mismo resultado, a pesar del fin del bipartidismo: sigue gobernando el PP. Pero lo importante es que afirma que esas turbulencias nos distraen de la crisis ecológica, provocando que la atención se centre en cuestiones propias de los partidos que, según él, nos alejan de aquello para lo que EQUO nació.

He de confesar que a veces, cuando tengo la sensación de estar perdido políticamente hablando, vuelvo a leer el manifiesto fundacional de EQUO, que hace que sienta de nuevo la tierra bajo los pies. Allí dice que “EQUO propone recuperar la política como un instrumento de transformación y gestión pública y colectiva que dé respuesta a las pequeñas necesidades y grandes aspiraciones de las personas y la sociedad para hacer posible la felicidad cotidiana dentro de los límites ecológicos del Planeta” y también que para eso “utilizaremos medios organizativos acordes con nuestras finalidades emancipadoras, basados en la transparencia, la participación democrática, el trabajo en red y desde abajo.”

Es evidente que esas formas no son las más rápidas para conseguir el objetivo. Debatir, colaborar, consensuar son métodos que requieren más paciencia que imponer u ordenar, pero es lo que nos distingue de otras formas de hacer política. Además, la separación entre fines y medios resulta falaz desde el punto de vista de la Ecología Política, que propone una visión integral de la acción humana. Dicho de otra manera, las formas condicionan el fin.

Debatir, colaborar, consensuar requieren paciencia Clic para tuitear

Necesitamos un ecologismo de emergencia que haga frente a estos problemas de manera decidida, sin desviarse de los objetivos marcados”. Podríamos preguntarnos ¿qué es lo opuesto a lo que el autor propone? Tal vez una acción política basada en la Ecología, que sostiene que hay que respetar los ritmos de cada sistema vivo y que podríamos llamar un “ecologismo tranquilo”. Pero parece, por los estudios que menciona, que ya no hay tiempo para tanta parsimonia.

Se plantea así una elección entre conseguir la transformación del sistema para evitar el colapso y lo que Jorge Riechmann expresa así: “intentar maniobrar con alguna habilidad el Titanic que inexorablemente va a hundirse; pero no con la expectativa de evitar el naufragio, sino solo de crear mejores condiciones para el salvamento de los pasajeros” (Autoconstrucción, 2015). En ningún caso la acción política sale bien parada.

Falda sur del Pico Urbión, Soria. Foto JMFP

En el primero, la urgencia puede llevar a laminar los procesos colectivos de toma de decisiones con el fin de ser más eficaces en una lucha que se hace más necesaria con el paso de los años. En tiempos de rebrote del fascismo este planteamiento resulta bastante arriesgado. En el segundo caso, el que asume la derrota de la causa ecologista, aunque las decisiones se tomen de manera colectiva, será en un contexto de resistencia y falta de ambición por conseguir un mundo mejor.

Es de rigor reconocer el papel que Uralde jugó como impulsor de una opción política ecologista en España, pero también hay que recordar que EQUO no nació de la nada, sino del resultado de amalgamar y cohesionar bajo un mismo techo a multitud de organizaciones que hasta la fecha venían trabajando de manera autónoma y que aparecen al final del manifiesto fundacional. Ahí se propone “construir una verdadera cooperativa política que sea capaz de vertebrar las diversas experiencias que hoy formamos el Proyecto EQUO y que sirva de impulso enriquecedor de la elaboración política colectiva y horizontal”.

Esa propuesta se encuentra hoy en un punto crucial. Inerme ante la aparición de Podemos, que consiguió hacerse un hueco en el imaginario colectivo defendiendo muchas de las propuestas novedosas que EQUO había hecho unos años antes; paralizada por el bloqueo en su estructura orgánica y la falta de gente dispuesta a trabajar desde la base y dar contenido a una estructura federal; ausente del debate político, debido al sometimiento a Podemos, fruto de las alianzas electorales y de la representación en el Congreso de lxs Diputadxs.

Más participación en el marco de una democracia radical es el camino Clic para tuitear

Frente a esto, proponer una huida hacia delante bajo la excusa de la emergencia me parece una insensatez. En su lugar, apuesto por recuperar la ilusión que a muchas personas nos produjeron propuestas como más participación, trabajo en red, transparencia, democracia radical, etc. Considero que son elementos fundamentales de la acción política, pero no como un fin en sí mismos, sino como ingredientes esenciales que garanticen la felicidad que queremos para todas.

Sindo Rubín

 

Sindo Rubín es el autor de este artículo y ya escribió en otras ocasiones para este blog. Aquí otro artículo suyo:

 

Asuntos internos

Un artículo suyo en otro blog:

Y EQUO empezó a reverdecer en Logroño

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