Lo confieso, soy Rosista

Errejonistas y Pablistas en Podemos, Sanchistas y Susanistas en el PSOE, Juanchistas y Rosistas en EQUO, parece que hay una maldición de la que es imposible escapar.

Mal de muchos
Antigua mina a cielo abierto del Abeduriu en Asturias. Fotografía de Agustín Orviz

Antes que comencemos a flagelarnos con lo idiotas que somos en la izquierda, he de decir que esto pasa en la izquierda, en la derecha y en todos los sitios donde hay seres humanos. Podemos recordar a la UCD. O como, en Asturias, la derecha lleva 20 años liquidando sus posibilidades electorales con continuas guerras civiles escenificadas en público. Mientras la izquierda asturiana sigue hablando de la revolución del 34, solo las divisiones de la derecha impiden su hegemonía.

Estar en política partidista supone conocer miserias que nos desaniman y nos derrotan Clic para tuitear

El que la derecha sea un desastre no es un gran consuelo. Las personas que asumimos un compromiso político partidista, tenemos conocimiento de muchas miserias que nos desaniman y nos derrotan. Lo comparo con una visión religiosa. Hay personas que llegan a adultas con unas creencias que les transmitieron en su infancia. Otras personas, sin embargo llevamos un proceso personal de evolución, o incluso abandono de esas creencias a través de la formación y la evolución personal, muchas veces dolorosa. Eso es lo que sucede cuando entras en política y descubres lo que pasa dentro.

El minotauro muerto

Hay un pasaje de la novela “Sinuhé”, que me parece que explica esta situación. El protagonista consigue entrar en el interior del laberinto del Minotauro, el dios que protege a Creta y gracias al cual toda la población vive confiada en su prosperidad. Cuando entra, descubre que el minotauro es un cadáver maloliente. El minotauro está muerto. El dios ha muerto.

De repente sales fuera del laberinto y ves que la gente sigue bailando en honor a un dios que tú sabes que está muerto. ¿Qué haces?, ¿Cómo les dices que su seguridad está basada en algo que es mentira?. ¿Cómo le pido a la gente que vote, cuando sé lo que hay detrás?

Aceptar la realidad

La respuesta es asumir que estar dentro de una organización política y conocerla en profundidad conlleva ver cosas que no son agradables, de la misma forma que quien conoce en profundidad cualquier profesión, sabe de sus miserias y de sus problemas.

La cuestión aquí es por qué estamos en política.

Si el grito de “No nos representan”, significa “No nos representan éstos, quiero a otros”, entonces no hay solución. Si no lo sabes aún, te lo digo yo, y créeme, los que vienen también te va a defraudar. Ahora, si significa “No nos representan, ni estos ni otros, no quiero que me representen”, entonces, ¿Qué te importa que el minotauro esté muerto?.

No nos representan, ni estos, ni otros. Lo que pasa es que no quiero que me representen Clic para tuitear

Y si es así, si no quieres que te representen, entonces querrás una sociedad madura y capaz de ver las disputas lógicas de la política sin escandalizarse.

Por eso, asumamos la realidad, esto pasa. Es bueno que se vea y que se sepa, simplemente debemos aprender a gestionar la situación.

Brazos de madera y soldados.

Para entender las facciones debemos entender antes estos dos conceptos.

Se llaman brazos de madera a las personas que van a una asamblea o a un órgano de coordinación de un partido y a la hora de votar a mano alzada, miran lo que vota el jefe y levantan la mano cuando él les dice. El maestro de ceremonias suele ser un sargento chusquero  que dirige el cotarro para el verdadero capo del asunto. Ambos hombres.

La persona vota como un resorte, es solo un brazo de madera sin cerebro Clic para tuitear

La persona vota como un resorte, es solo un brazo de madera sin cerebro que mueve la mano oculta del capo. Da igual que expongas los mejores argumentos del mundo en la asamblea, el voto está decidido de antemano y responde a los intereses de una única persona y sus acólitos más cercanos. En muchos casos, personas que reciben un sueldo del partido u otro tipo de beneficios.

Los soldados son las personas que trabajan y votan obedeciendo al amado líder, sea este quien sea. Normalmente también hombre. Son el mayor cáncer de la democracia. Y encima éstos no cobran, ni esperan cobrar en un futuro próximo.

Quienes votan obedeciendo al amado líder son el cáncer de la democracia Clic para tuitear

Antigua mina a cielo abierto del Abeduriu en Asturias. Autor Agustín Orviz

“No te preocupes por el resultado de las primarias, mi gente son soldados y votarán lo que se les diga”. Esta frase textual y pronunciada con todas las consecuencias, la escuché personalmente durante el año 2015. Hablando luego con otras personas, sé que esa frase se utilizó en más sitios del estado. No era una baladronada. A lo largo de los diferentes procesos electorales he visto cómo se sabía previamente cuál iba a ser el resultado.

Los soldados se organizan en torno a los grupos de telegram, whatsapp o similar. En esos grupos están todos los sargentos, que reciben las consignas y luego las reparten, mediante mensajes privados a quienes creen que pueden convencer o presionar, y también con la intervención “casual” y “desinformada” en los foros.

Esto lo viví en primera persona en noviembre de 2015 en un referéndum crucial sobre la forma de concurrir a las elecciones generales del 20 de diciembre.

Las facciones

Cuando en la organización un grupo se organiza y solicita de sus soldados la adhesión incondicional es cuando comienza la disidencia. Esa disidencia comienza con pocas personas que se van marchando, que protestan aisladamente pero que son ahogadas por los brazos de madera y por las personas bientencionadas que no se creen lo que está pasando.

Entonces, aparece alguien con capacidad para aglutinar disidentes y ya tenemos dos facciones.

Quien no está en principio en ninguna facción se ve arrastrado inexorablemente por los acontecimientos que se precipitan.

En un primer momento, no me sentía capaz de pertenecer a una facción. No puedo entender que alguien esté al 100 % con unos o con otros.

No me sentía capaz de pertenecer a una facción. No puedo entender estar al 100 % con alguien Clic para tuitear

Por ejemplo, me gusta el estilo comunicativo de Errejón y estoy de acuerdo en la necesidad de pactar en determinados momentos y circunstancias con el PSOE. No me gustan sin embargo ciertas renuncias que ha propuesto en aras de “la transversalidad”. Tampoco me gustan algunas personas eminentemente errejonistas, como Tania Sánchez, concejal desde su más tierna infancia. Si una persona vulnera el código ético, no me sirve, esté en la facción que esté.

También me gustan los anticapitalistas, me encuentro cómodo con la mayoría de sus planteamientos, admiro su coherencia en algunas cuestiones y me resultan atrayentes sus figuras más relevantes. Sin embargo, no estoy de acuerdo con ciertos planteamientos de excesiva pureza ideológica. En estos momentos de mi vida la virginidad no la considero un valor, ni en el sexo, ni en la política.

¿Cómo actuar entonces, si no “soy” de un único grupo?

Estar en una facción no puede anular tu criterio personal, ni dejar de ver lo positivo de otros Clic para tuitear

Pues la solución es no ser nunca un brazo de madera, no ser nunca un soldado, mantener siempre tu independencia de criterio y romper con quien te exija un apoyo incondicional. Estar en un grupo, apoyar a una “facción”, no puede ni debe anular tu criterio personal ni dejar de ver lo positivo de otras facciones con quienes discrepas.

Soy Rosista
Rosa Martínez, coportavoz federal de EQUO. Fuente Q Cantabria

Como afiliado de EQUO, me encontré con que si discrepas de la línea seguida por el coportavoz federal, y criticas ciertas cuestiones en público, pasas a ser del grupo malo que “destruye el proyecto”.

Eso te obliga a posicionarte, por pura defensa propia y acabas encuadrado en otra facción. En este caso, como no era Juanchista, no me quedaba más remedio que ser Rosista. A partir de ese momento, “los contrarios” suponen que todo lo que haces y piensas es porque previamente pediste permiso para ello.

La realidad es que no es cierto. No soy EQUO. No soy por tanto EQUO 2.0, estoy en EQUO y apoyé públicamente la candidatura de EQUO2.0. Pero soy una persona individual con mis propias ideas que amo la libertad por encima de todo.

Como dijo Rosa Martínez en la clausura de la asamblea federal de EQUO, “no estoy aquí por EQUO”, y podemos sustituir EQUO por Podemos, IU, PSOE o lo que queramos. Estoy aquí por la defensa de unos valores. Quiero vivir y morir en libertad. Y los sitios donde estoy no son más que herramientas temporales para conseguir ese objetivo.

El partido no es más que una herramienta temporal para defender los valores en los que crees Clic para tuitear

Y sí, soy Rosista porque se puede y se debe ser de las personas con las que compartes valores, ideas y formas de hacer. Eso es lo que trasciende las facciones y los partidos políticos, crear redes de personas que defendemos un mundo mejor. Desde la diferencia, desde la discrepancia, desde la libertad y también, por qué no, desde la ternura.

Pepín Fernández es afiliado de EQUO Asturies y forma parte del consejo editor de este blog. Además de tener artículos publicados en verdes y libertarias, también publica en asturiano en el digital Asturies.com.

Otros artículos del autor en este blog:

Elogio de lo Naif

Artículos en Asturies punto com:

Blog en Asturies.com

Compártelo con el mundo...Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Buffer this page
Buffer
Email this to someone
email
Share on LinkedIn
Linkedin

5 thoughts on “Lo confieso, soy Rosista


  1. Certero y valiente análisis, Pepín. Lo suscribo. Yo tampoco quiero ser ni brazo de madera ni soldado.


  2. El maestro de ceremonias suele ser un sargento chusquero que dirige el cotarro para el verdadero capo del asunto. Ambos hombres.

    Cuando leí eso de ambos hombres, ya capte la idea y para mi, perdió el valor el texto, un saludo.


    1. Hola, no acabo de entender lo que quieres decir. La idea es que, en general, este tipo de comportamientos suelen tenerlos hombres. No niego que en el caso del PSOE, las mujeres han jugado un papel semejante, pero creo que es un comportamiento que se da más en los hombres. Lo que no entiendo es por qué pierde valor decir eso. El texto valdrá lo que valgo pero no veo que esa frase desacredite el resto.


  3. «El partido no es más que una herramienta temporal para defender los valores en los que crees».
    Lo siento, pero esta mentalidad debilita a Equo como alternativa frente a partidos más cohesionados como los tradicionales. Las «luchas» internas existen desde siempre, pero hacer las maletas porque no ganaron «los míos» es uno de los mayores problemas de la izquierda.
    Yo tengo mis preferencias de liderazgo y estrategia política, pero pase lo que pase, soy de Equo y lucharé para que la sociedad confíe en nosotros cuando vote.
    Saludos


    1. Hola. Hay varias personas que me han hecho esa observación, en redes sociales o de palabra y reconozco que me ha hecho mella.
      Evidentemente necesitamso un colectivo cohesionado que no pierda efectivos en cada situación de coflicto. Pero, al mismo tiempo debemso conjugar esa cohesión con una visión moderna del partidismo, «más líquida», podríamos decir que nso permita mantener nuestra independencia de cirterio y adpatarnos a las situaciones.
      En todo caso, de lo que soy plenamente consciente es de que «estoy» en EQUO, no «soy» EQUO. Eso entiendo que es una actitud que no debería impedir mi compromiso y trabajo.
      Lo que te invito y me gustaría mucho, es que desarrolles tu idea y nos mandes un artículo con ella.
      Gracias por leerme.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *