A cuenta del buenismo

“Es preferible ser engañado que ser suspicaz. El engaño es obra del ser humano, pero la falta de confianza es obra del diablo” E.M. Forster

 Hace unos días mi hermano me acusó de buenismo por no cerrar con llave el coche y provocar así, según su interpretación de los hechos, que desapareciese el mando a distancia que abre el portón del garaje. A pesar de que insistí en la poca importancia del asunto, su insistencia en el asunto me dio que pensar.

 En los últimos tiempos me encuentro con mayor frecuencia que antes con gente que se cree con el derecho de criticar a los demás sin que estos puedan poner en tela de juicio sus opiniones. No hay más que hacer una búsqueda rápida en Internet con el término que forma parte del título de este escrito para que aparezcan FAES, Sánchez Dragó y Fernández Díaz, por mencionar sólo a los más conocidos.

 Se trata generalmente de opiniones rotundas, duras, sin pizca de compasión por los otros, ya sean pobres, refugiadas o cualquier otro ser al que no le haya sonreido la “suerte”. Parece que se ha abierto la veda para atacar sin misericordia a todas aquellas personas que sostengan otra visión del mundo más humana.

Se ha abierto la veda para atacar a quien tenga una visión del mundo más humana Clic para tuitear

El asunto viene de lejos. Sin pretender desplegar un conocimiento enciclopédico que no tengo, me vino a la memoria el buen salvaje de Rousseau, frente al “hombre lobo para el hombre” popularizada por Hobbes, allá por el siglo XVII. Parece que el tiempo de la Ilustración, con su idea de progreso, está llegando a su fin en nuestros días. Es como si muchos hubieran renunciado a la esperanza de mejora del mundo en el que vivimos y, con él, de nuestras propias personas.

Un castaño en el puerto del Connio en Asturias. Autora EF

Me pregunto qué pasaría si abrazase la fe de los “malistas”. Pensaría entonces que los demás tienen intenciones perversas y no dudarían en hacerme daño, físico o material, si pudieran obtener algo de ello. Tendría que abandonar la discusión civilizada porque no conduciría a nada, nadie se convencería con argumentos porque tienen clara cuál es su visión del mundo. Dejaría de creer en el diálogo como forma de resolver conflictos, porque lo único que vale es la fuerza y la violencia. Lo siento, ese no es el mundo en el que quiero vivir ni dejar a quien venga detrás.

 Sin duda esas actitudes tienen mucho que ver con nuestro proceso de formación como personas en una sociedad que premia la fama y la riqueza, no importa a costa de qué se haya conseguido, mientras permanece impasible ante la muerte de miles de personas que huyen de la guerra y la miseria. Se habla mucho de educación, pero sin insistir en la importancia de aprender a conocer y expresar nuestras emociones para ser capaces de comunicarnos con las otras personas y, sobre todo, para conocernos a nosotras mismas.

Hay que educarnos para conocer y expresar nuestras emociones Clic para tuitear

Tanta arrogancia, falta de compasión, inhumanidad y muchas otras actitudes que hoy nos ponen los pelos de punta podrían explicarse ahondando en la vida de sus protagonistas. Falta de cariño, de atención, de compañía, de compasión conducen de manera inexorable a la reproducción de estos males. Cuánto más fácil sería cortar por lo sano con estas actitudes y evitar así sus consecuencias. Pero para conseguirlo, tendremos que empezar a cambiar desde ahora este mundo.

Sindo Rubín

El autor, Sindo Rubín nos pasa esta reseña él: Desde mis tiempos de estudiante de economía me interesaron los retos sociales, aunque tardé años en darles encaje en la perspectiva de la ecología política.
En mi familia de origen la política siempre fue – y sigue siendo – mal considerada. Pero en 2011 me hice simpatizante y luego me afilié a EQUO, atraído por una forma diferente de hacer política y en el convencimiento de que era necesaria la implicación personal en lo colectivo para lograr mejorar la realidad social y ambiental.
Vivo con mi pareja, mi hija y nuestro perro, me gano la vida como socorrista y soy miembro de la mesa de coordinación de EQUO Asturias, en donde soy responsable de comunicación.

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